El pacto de socios o también denominado pacto parasocial es definido por la doctrina (Paz-Ares) como aquel convenio celebrado “entre algunos o todos los socios de una sociedad anónima o limitada con el fin de completar, concretar o modificar, en sus relaciones internas, las reglas legales y estatutarias que la rigen”, los cuales “no se integran en el ordenamiento de la persona jurídica a que se refieren, sino que permanecen en el recinto de las relaciones obligatorias de quienes los suscriben”.

Por lo tanto, se trata de acuerdos extra-estatutarios suscritos por todos o algunos socios de una sociedad, que regulan ciertos aspectos que no están contemplados en los estatutos sociales, y que abarcan más allá de lo estrictamente establecido en la normativa aplicable al derecho societario, y en suma, tienen la intención de regular los posibles conflictos o situaciones no previstas por la ley que puedan surgir en relación a la mercantil.

Este pacto tiene naturaleza contractual, pues tiene entre los firmantes la misma naturaleza jurídica de un contrato con fuerza de ley; su eficacia se encuentra limitada a las partes que lo hayan suscrito, por lo que no puede exigirse su cumplimiento en el ámbito mercantil, sino que en caso de incumplimiento deberá exigirse de acuerdo al derecho general que rige las obligaciones y contratos en nuestro Código Civil.

En consecuencia, el pacto de socios interesa para contemplar aquellos extremos que no pueden ser regulados en los Estatutos, pero en ningún caso pueden contrariar el contenido de estos últimos.

En cuanto al contenido del pacto parasocial, deberá estar rigurosamente relacionado con la finalidad de la suscripción del mismo, por lo que es aconsejable incluir en un buen pacto de socios como mínimo: (i) la identidad de la sociedad y de los socios; (ii) la estructura del Órgano Administrativo y del de gestión, en aras de identificar qué tipo de órgano social será el que administre y gestione la sociedad, así como el reparto de cargos y funciones entre los socios; (iii) la política económica, que por ejemplo regule el reparto de dividendos; y (iv) la política de entrada y salida de los socios, que contenga los límites de entrada y salida a la sociedad, las transmisiones, etc.

En definitiva, fórmulas que garanticen la protección de los intereses comunes de los firmantes y que doten de más estabilidad a la sociedad en su devenir diario, esto es, cláusulas elementales al objeto del buen gobierno; de no competencia y confidencialidad; de entrada y salida de socios; de distribución de funciones en la empresa y dedicación a la misma; de prevención o resolución de situaciones de incumplimiento de obligaciones; de vigencia del pacto; relacionadas con los derechos políticos y económicos de los socios; de protección de la sociedad y de cada socio, etc.

Hoy en día resulta indispensable prever todos los posibles conflictos o situaciones que puedan sobrevenir en el día a día de una sociedad, para poder regular de antemano también sus posibles consecuencias, así como los procedimientos a seguir en dichos casos. Sin embargo, las razones para suscribir un pacto de socios pueden ser diversas, y de variada índole, ya sea porque permiten regular cuestiones que a priori no tienen cabida en los estatutos, bien porque se exceden del estricto y riguroso contenido de los estatutos inscribible en el Registro Mercantil, bien porque se tiene la voluntad de que su contenido quede en la esfera interna de la sociedad, y por lo tanto no sea público, ni accesible, a través de la publicidad registral.

Por todo ello, es recomendable valorar la posibilidad de suscribir un buen pacto de socios, que regule de antemano las distintas y cada vez más espinosas situaciones que se esbozan hoy en día en las iniciativas empresariales, y que además actúe como mecanismo facilitador de resolución de conflictos entre los socios.