La protección la marca mediante su registro es una herramienta que permite que los consumidores distingan los productos y/o servicios, esto es, poder diferenciarse de los competidores y proyectar una imagen y una reputación de la sociedad.

En definitiva la marca puede llegar a convertirse en un activo de naturaleza inmaterial de gran valor para las personas jurídicas.

El registro puede darse:

No obstante, la protección de la marca no finaliza tras su registro, pues se trata de un derecho de propiedad intelectual renunciable, revocable y transferible. De este modo, tras su registro se deberían adoptar medidas para garantizar su protección:

  • La primera de ellas sería mostrar que la marca está registrada como un mecanismo de protección frente a posibles violaciones. La forma más sencilla es mediante la incorporación del símbolo ® junto a la marca.
  • La segunda sería hacer un uso efectivo de la marca, en caso contrario podría ser objeto de anulación o de impugnación por parte de terceros. ¿Y qué se entiende por uso efectivo? Lo define la Audiencia Provincial de Alicante, Sección 8ª, de fecha 31 de mayo de 2013 al establecer que: “hay uso efectivo de una marca cuando se hace utilización conforme a la función esencial de la marca, que consiste en garantizar al consumidor o al usuario final la identidad de origen de un producto o de un servicio”.
  • La tercera sería desarrollar y expandir la marca de forma paralela a la expansión de la sociedad. Por ejemplo: si una empresa inicialmente registró su marca a nivel nacional por desarrollar su objeto social únicamente en un estado y transcurrido un periodo de tiempo se expande por la Unión Europea, debería solicitar el registro de la marca comunitaria, y así sucesivamente procediendo a la protección en cada nuevo territorio donde opere.
  • En cuarto lugar, como en el ejercicio de cualquier derecho velar por su protección, dado que la marca otorga un derecho exclusivo a su propietario frente a cualquier intromisión ilegítima, se deberían emprender las correspondientes acciones legales.
  • Y en quinto lugar, se debería renovar las marcas antes de su caducidad. Para evitar la caducidad se debería tener en cuenta la duración de las marcas, por ejemplo tanto la española, la comunitaria como la internacional de la OMPI tienen una vigencia de 10 años cuyo cómputo es desde la fecha de la presentación de la solicitud y se puede renovar por plazos iguales previo pago de la correspondiente tasa, cuya cuantía varía dependiendo del tipo de registro.

Por todo lo expuesto, podemos concluir que una vez obtenida la titularidad de las marcas mediante su registro ha de ser objeto de protección, de uso efectivo, de desarrollo y expansión y de renovación, con el propósito de mantener su vigencia y validez.